Contadora de profesión, Karla Escobar se desempeñó en esa área durante 15 años, desde que estudiaba tercer semestre (en la UNAM) hasta hace tres años y medio, cuando tomó una decisión que –literalmente–sacudió su mundo: renunció a la empresa donde trabajaba de sol a sol con el anhelo de cambiar su estilo de vida.

“Era muy feliz trabajando, pero cuando me casé, tuve a mi primera hija y luego a la otra, fue muy complicado combinar todos los papeles. Mucho es la cultura laboral, eso de quedarse hasta la medianoche por un falso sentido de urgencia –todo ‘urge’, aunque en realidad no sea así–, pero también creo que es mucho esta perfección que nos autoexigimos las mujeres. Sentimos que tenemos que ser la empleada perfecta, la mamá perfecta, la esposa perfecta, la amiga perfecta, ¡y acabamos exhaustas! Así que después de mucho pensarlo y platicarlo con mi esposo, renuncié”.

A Karla la comunidad le ha ayudado a confirmar que sí hay mujeres exitosas, enfocadas, que trabajan con los mismos valores que ella; con ética y honestidad, entre muchos otros.

Lo que Karla nunca se imaginó fue lo mucho que iba a extrañar el levantarse temprano, arreglarse y salir disparada hacia un trabajo que, sí, exigía mucho, pero que también le permitía disfrutar de una independencia financiera que, en sus palabras, se traduce en el poder decidir en qué gastas tu quincena, cosa que se pierde cuando es el dinero de alguien más.

“Aunque no fue una decisión tomada a la ligera, fue muy difícil adaptarme. Los primeros dos años y medio ¡sufrí!, lloraba muchísimo, incluso me deprimí. Me quejaba todo el día, me sentía la bruja de la película ‘La espada en la piedra’ (risas). Y ahora que creo en la cuestión de la energía, yo creo que vibraba feíto y así me fue. En ese tiempo era contadora de 10 personas y nadie me pagaba, ¡acabé trabajando un año gratis!”, confiesa nuestra entrevistada.

“Quizá sean los constructos sociales, pero la vara con la que nos medimos no es nada equitativa; si la mujer se queda hasta tarde en la oficina ‘es mala madre’, pero que el hombre lo haga no lo convierte en mal padre”.

ENCONTRANDO SU PROPIO CAMINO
Con ayuda de terapias, Karla pasó de quejarse 24/7 a descubrir un nuevo yo. “La falta de dinero me llevó a trabajar mucho en mí, en mi merecimiento, en el tema de los paradigmas transgeneracionales y esas cosas que uno trae en la cabeza. Me di cuenta que el problema no era el marido, las hijas o el trabajo, ¡era yo! Y así fue como me di cuenta que me gustaba la historia, así que me metí a la Facultad de Filosofía de la UNAM a estudiar la licenciatura en Historia, ¡y estoy feliz!”, expresa con una enorme sonrisa.

“Meto cuatro materias por semestre, no las seis que se sugieren, pero apenas así me da tiempo de todo: casa, marido, hijas, ventas, etc. Mi tirada es enfocarme a la gestión cultural. Porque hoy por hoy sí puedo decir que estoy feliz siendo mi propia procuradora de fondos (risas), así que estoy muy entusiasmada con este nuevo proyecto de vida”, comparte la Puma de corazón (“te juro que tengo a la institución tatuada en el corazón”, nos dice).

Con su compañero de vida, Esteban Rivas, se las han ingeniado para crear su propio modelo de familia. ¿Complicado? Sí. ¿Satisfactorio? ¡También!


LAS VENTAS COMO SERVICIO
Para ganar control de su vida, tanto a nivel personal como económico, Karla vende productos de distintas marcas, todas con ingredientes naturales y orgánicos: Ere Pérez (maquillaje), Fitos (cuidado del pelo y la piel) y doTERRA (aceites esenciales).

“Todo empezó cuando descubrí Itchy Bitsi, un quita-piojos natural súper efectivo. Y de ahí me seguí… Un tiempo vendí Jafra y Natura, pero al final decidí vender solamente productos naturales, que te aportan un beneficio sin contener tantos ingredientes tóxicos.

“Definitivamente me gustaría vender más, pero mi estilo y personalidad no tienen nada que ver con la venta agresiva, yo prefiero generar confianza y que me compren cuando quieran, cuando necesiten; no me gusta ser enfadosa (risas). A como yo lo veo, vender es servir. Jamás te voy a vender algo con mentiras, sólo para que yo gane. Yo te voy a decir la verdad –por ejemplo: ‘la base de maquillaje no te dura 8 horas, pero es perfecta para los fines de semana o los días en los que quieras lucir más natural’–; ya tú decides si la compras o no. Sólo así puedes generar lealtad”.

Sabe que la digitalización es lo de hoy, razón por la que le interesa aprender a vender en línea. “Esto de la brecha generacional es un tema, pero ahí la llevo, ¡al menos ya tengo Facebook!”, expresa divertida.


UNA INVITACIÓN A UNIR FUERZAS
Por Facebook. Así fue como se enteró Karlita de los desayunos que Empoderarte organiza en el restaurante “La esquina D Amores”.

“Justo estaba pensando en que necesitaba hacer networking cuando vi el anuncio. Hice el depósito en ese momento, ni lo pensé, fue de esas veces en las que dices ‘pues a ver qué pasa’, ¡y 100% valió la pena! Salí del primer desayuno f-e-l-i-z, con una sonrisa de oreja a oreja. Me encantó todo: el lugar, la comida, la plática, las dinámicas, la energía de las demás mujeres. Empoderarte nos da un montón de recursos, así que sé que voy por buen camino. Se empieza a materializar lo que por mucho tiempo había visualizado, pero no con el ímpetu de cuando tienes 20 años, que dices ‘me voy a comer el mundo de un bocado’; ahorita digo ‘me lo estoy comiendo, pero despacito, con calma, ¡y lo estoy disfrutando al máximo!”.

“Estoy gozando cumplir 40 años, ¡siento que llegué a la plenitud! Me siento tan contenta, tan bien, tan joven, tan sabia, responsable, madura, ¡me entusiasma muchísimo la vida! Hay tanto por lo que estar agradecidas”.